lunes, 21 de junio de 2010

Cambio de vía

El resto volvió en coche. Nosotros, con la excusa del espacio, cogimos el tren.

Ella se durmió enseguida. Apoyó su cabeza en mi hombro, cerró los ojos, y su respiración se acompasó al vaivén del vagón. Yo seguí despierto, contemplando alternativamente el paisaje y su rostro. Cada parada rescataba un momento en el que pudimos acabar juntos y cada puesta en marcha me recordaba, a su vez, que siempre llegué tarde.


En la penúltima estación, me levanté con cuidado y la dejé soñar en equilibrio. Aquella vez llegué a tiempo, pero ahora nuestros rumbos eran distintos.

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