viernes, 8 de mayo de 2009

La mujer barbuda

Superados los trapecios del metro, cruza en rojo la calzada cual funámbulo, deteniéndose en el bulevar para practicar un ejercicio de malabares con los periódicos, el maletín y, finalmente, la sofocante chaqueta. A continuación, con la prenda en el brazo diestro, el portafolio en la zurda y los diarios sujetos entre sus rodillas, emplea la mano derecha en secarsela frente y suspira: si desea alcanzar el edificio donde le espera el león tendrá que superar la zanja sin red de las obras en la acera.

Al levantar la vista y ver al sonriente niño del balcón, repara en que el Circo Estival ha llegado a la ciudad y su vida transcurre la pista central.

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