lunes, 21 de abril de 2008

Madera para muñecos

No hace una hora que Kalit ha vuelto de ver al hombre por el que creció humillado, el hombre que jamás comprendió cómo su hijo pequeño era incapaz de seguir con la tradición y prefería tallar madera. '¿Cómo te puedes venir con la red vacía? ¿Crees que nos alimentarán esos muñequitos tuyos?'

Su anciano padre ya no puede andar: malvive en casa del primogénito con el dinero que Kalit les lleva cada semana. El negocio de la madera es cada vez más rentable, y pronto no necesitará siquiera trabajarla; probablemente, incluso podrá crear una red de comerciales.

Mientras maneja el hacha sonríe. Quienes hacen años le ridiculizaban ahora imitan su idea. Pescar no es rentable. Pescar requiere demasiado tiempo lejos de casa. Pescar es peligroso. Pescar es ahora sólo tarea de unos pocos remilgados incapaces de acallar la Voz.

Con la ayuda de dos de sus sobrinos comienza a tensar y fijar los listones que darán forma a la embarcación. Quizá no sea la más resistente de las que ha construido (la flexible madera joven es más difícil de obtener que la vieja, y el tiempo apremia), pero sí es lo suficientemente grande para soportar un centenar de clientes, y el color negro no sólo la hará invisible en la noche, sino que disimulará también los defectos. Al acabar el día estará lista... Incluso podría ser botada.

Oye la potente y grave voz de su ahijado, que le llama; a su lado, un chico de no más de diecisiete años le observa, desafío en la mirada. 'Este hombre quiere unirse al pasaje. ¿Hay sitio?'. Kalit ni siquiera mira al muchacho, sencillamente niega con la cabeza y continúa dando los últimos brochazos. Tras él, el joven pierde su fingida pose y le pide, desesperado, poder subir... Seiscientos mil francos consiguen convencer a Kalit: siempre ha sido un hombre comprensivo. El joven, que desconoce a qué Paraíso le conducirá el pasaje, respira aliviado.

Llega la noche. El viento del sur es buena señal: al menos esa noche no oirá la Voz, y siempre se consuela con el hecho de que hasta ahora nadie ha vuelto para saldar cuentas. Vuelve a sonreír. Kalit es un hombre afortunado. Jamás será un buen pescador, pero siempre ha disfrutado jugando con muñequitos que flotan en el mar.



3 comentarios:

Arita dijo...

Bueno, casi sacias mi necesidad de lectura... Pero ya lo había eçido. No es que lo hayas copiado de nadie, a ver si alguien se va a pensar que... Es que tuve la suerte de leerlo hace tiempo. Espero la siguiente entrega.
Un beso.

M. Lendínez dijo...

¿Es el que publicaste en aquella revista de la Uc3m?

CSolanillos dijo...

Sí, el número de la revista está en Internet en http://turan.uc3m.es/uc3m/revista/num60.pdf

En principio, éste es el último relato ya publicado que subiré al blog... Así que a partir de ahora todo depende de la cafeína.